15-12-2019
"Lo que está en juego en las PASO"
Por Carlos A. Sortino (*) @CarlosASortino

Empecemos con algunas obviedades que, a la luz de lo que se ve y se escucha en la calle y en los medios, no aparecen como tales: en estas elecciones no está en juego la democracia, sino la representación del pueblo, lo que viene a significar que el sufragio define qué políticas públicas se prefieren como contexto de nuestra vida en sociedad.

Pero eso no será este domingo 11 de agosto, sino el domingo 27 de octubre. Este domingo se decide cuáles serán los espacios políticos que competirán entonces para acceder al gobierno del Estado y quiénes serán los candidatos de cada uno de ellos. Por eso, no es tan sólo una encuesta, como a algunos les gusta decir para desmerecer las PASO (primarias abiertas, simultáneas y obligatorias).

 

Lo que se pone en juego es quién ordena y conduce nuestro complejo institucional, con qué tipo de política económica y con qué grado de "sensibilidad social", dado que es casi imposible que se ponga en discusión el sistema económico capitalista ni el sistema político de representación, su correlato necesario, a pesar de los encomiables esfuerzos de los frentes de izquierda.

Decimos que se pone en juego la representación política del pueblo y no la democracia (Ver "Una lectura de la historia") y con ello decimos también que esta representación puede albergar contenidos democráticos, que hasta pueden ser dominantes, pero eso depende de la organización política que acceda al gobierno del Estado. Lo que implica, a su vez, que puede albergar contenidos oligárquicos y autoritarios, que hasta pueden ser, también, dominantes (Ver "El poder oligárquico").

Contextos

Decimos, en tal sentido, que el sufragio define qué políticas públicas se prefieren como contexto de nuestra vida en sociedad y que ese contexto es su condicionante. Es cierto que nuestro esfuerzo personal puede dar los frutos que cada uno espera, pero nunca prescindiendo de aquel contexto.

La política se interesa por vos y se mete en tu vida. No importa que vos no te intereses por ella. Cualquier proyecto político define tu manera de vivir: tus posibilidades de estudio, de trabajo, de diversión, tu presente y tu futuro. Todo está reglado y todas esas reglas son establecidas por un gobierno (nacional, provincial, municipal) elegido por el pueblo, en cualquiera de las dos variantes expuestas líneas arriba.

Hay un enorme esfuerzo comunicacional (o, si ustedes prefieren, propagandístico) por hacernos caer en la trampa de un antipolítico sentido común, que coloca a las candidaturas como nocivas anomalías de oportunistas ante la coyuntura brutal que estamos viviendo. Lo cierto es que el gobierno existe y es elegido por el pueblo cada cuatro años. Y ese gobierno es el que produce las políticas públicas que intentan fortalecer o alterar el orden establecido.

No hay proyectos políticos que puedan consolidar o transformar la coyuntura, sin candidatos para acceder al gobierno. Si no te gusta todo esto, tenés que explicitar tu preferencia por la monarquía o por la dictadura. O hacer algo para promover una revolución socialista.

¿Qué es lo que se busca (y se logra casi siempre) con aquel esfuerzo comunicacional? Un pueblo despolitizado, es decir, desafectado de la "cosa pública", que sólo pueda manifestarse de dos modos: replegándose en su círculo íntimo y despreocupándose de lo político, hasta en su expresión más básica, que es el sufragio, o concibiendo la representación política como una simple delegación de su poder y de su responsabilidad en un pequeño grupo de dirigentes, es decir, colocando el poder en manos de unas pocas personas pertenecientes a una clase social privilegiada y que para ella gobernarán (oligarquía).

Producciones

Sepamos que el candidato, cualquiera sea, no importa cuánto "mida" ni cómo lo "juzguemos", es una producción colectiva. No podría existir sin los apoyos y los acuerdos de otros (muchos, pocos, "malos", "buenos"). Si uno no forma parte del trabajo previo a su emergencia o a su mantenimiento, es porque no pudo, no supo, no quiso, intervenir en ese trabajo.

Y este "no poder", "no saber" o "no querer" también es una producción colectiva: nuestra degradada cultura política asume a los candidatos como imposiciones individuales, porque lo colectivo (grande, mediano, pequeño) le resulta inconcebible. Es por eso que "el candidato" resulta lejano, extraño, poco respetable y fácil de estigmatizar. Otro logro de aquel esfuerzo comunicacional.

 

Sepamos también que el campo de la política, así como todos los campos en que se organizan las relaciones sociales, está subordinado a la lógica del interés. No podemos decir de tal o cual conducta que es buena o es mala. Podemos decir que persigue tales o cuales intereses, lo que implica tales o cuales beneficios probables para tales o cuales sujetos y tales o cuales perjuicios probables para tales o cuales otros sujetos.

 

En estos conflictos (necesarios e ineludibles) solemos tomar posición a favor de unos u otros, según nuestros propios intereses (políticos, económicos, ideológicos, etc.), aunque lo admitimos muy poco y lo enmascaramos tras la lógica de "lo bueno" y de "lo malo". Ocurre que "lo bueno" y "lo malo" pertenecen al campo de la moral, no al campo de la política, y, en todo caso, quien quiera utilizar esa lógica podrá hacerlo una vez agotada la lógica anterior. Otro logro de aquel esfuerzo comunicacional es ocultar todo esto, demonizando el concepto de interés.

Creencias

Aquel esfuerzo comunicacional también promueve a muchos "dirigentes" políticos y muchos periodistas "influyentes", apoyados en "estudios sociológicos" (meras encuestas direccionadas), que te dicen que "la gente" está más preocupada por llegar a fin de mes, mantener o conseguir un trabajo, evitar los robos (situación coyuntural, lo inmediato), que por ese "verso" de la macroeconomía, la deuda externa, las elecciones (situación estructural, lo aparentemente distante).

Con ese reduccionismo te están queriendo ocultar que si no nos ocupamos también de la segunda serie de problemas (estructura), la primera serie seguirá igual o peor (coyuntura). Ocupémonos de las dos cosas. Política completa. Lo otro es antipolítica.

 

Que no nos hagan creer que "lo macro" está desenganchado de "lo micro". Que no nos hagan creer que nuestro voto es inútil, porque con nuestro voto estamos definiendo quiénes ocuparán los cargos públicos que se ponen en juego en cada elección y qué harán desde esos lugares con "lo macro" y con lo "micro", es decir qué políticas públicas ("lo macro") frenarán y/o impulsarán, en consonancia (o no) con la preocupación inmediata del pueblo ("lo micro"). 

 

No nos dejemos llevar hacia el desierto de la antipolítica, que es el territorio sagrado de estos gobiernos que supimos conseguir y a los que algunos les han dado "gobernabilidad". Es decir: impunidad… 

Proyecciones

Participar en elecciones significa atravesar racionalmente todas estas "apariencias encantadoras" (y muchas más) y hacerse cargo del resultado. Pero significa también comenzar a intuir que hay algo más a desarrollar en la idea de participación: aceptar que participar no sólo significa asistir a reuniones y hacer sentir nuestra voz, salir a la calle a manifestarnos, votar en elecciones, militar en un partido político.

Participar también puede significar la intervención popular en el planteo, discusión, decisión y control de ejecución de cualquier política pública: una vigente, que quiera modificarse, o una nueva, que quiera implementarse, o una que hayas ideado vos. Imaginar un debate así entre representantes y representados. Imaginar que el resultado es vinculante (Ver "Nadie está pensando en la inclusión política")

(*) Carlos Sortino exclusivo para Cadena BA. 8/8/2019

Periodista, ex docente de la UNLP. Referente de la Agrupación Municipal Compromiso y Participación (COMPA): https://www.facebook.com/COMPALaPlata/