19-10-2018
"Agenda electoral y más allá: 'Una lectura de la historia'"
Por Carlos A. Sortino (*) @CarlosASortino 

Llegamos al final de un nuevo capítulo electoral de nuestra historia, sin mayores sorpresas ni transformaciones. Resultados al margen, no se ha puesto en discusión ni el sistema económico capitalista ni el sistema político de representación, su correlato necesario. La única discusión es quién ordena y conduce este complejo institucional y con qué grado de "sensibilidad social".

 

Estamos ante la continuidad de un largo y conflictivo proceso histórico, que puede ser interpretado desde distintas perspectivas ideológicas. Esta es una de ellas. 

El siglo de las transformaciones 

Por debajo de las guerras de independencia en América y de las revoluciones burguesas en Europa, el debate político más importante del siglo 19, tanto allá como acá, fue cómo organizar el Estado-Nación. 

Recordemos que Inglaterra y Estados Unidos ya habían resuelto su organización institucional: Monarquía Parlamentaria desde el siglo XVII y República desde el siglo XVIII, respectivamente. Y también habían resuelto aquellas discusiones político-ideológicas, lo que, por supuesto, no significaba el fin de los conflictos, sino, simplemente, su "encarrilamiento civilizado". O, al menos, la intención de que así fuera. 

En América, la discusión primera fue Monarquía o República, rápidamente saldada a favor de la República. En Europa, unos optaron por la República y otros por la Monarquía Parlamentaria. A partir de allí, el debate central en ambos continentes fue Democracia o Representación. Hoy vemos a ambos términos ir de la mano, pero no era lo mismo en aquellos tiempos una cosa que la otra. 

En la segunda mitad del siglo XIX este conflicto se resolvió a favor de la Representación y se designó Democracia Representativa al sistema resultante. Allí comenzó a organizarse el sistema de partidos políticos, que antes no existían, y el nuevo problema a resolver fue quienes podían elegir y quienes podían ser elegidos. 

En nuestro país, este debate recién completó su ciclo en 1951, con la incorporación  del voto femenino. Y en 2013 tuvo un nuevo avance: la posibilidad del sufragio para los jóvenes de 16 a 18 años. 

Democracia o Representación a la europea 

¿De qué se hablaba por aquellos tiempos en Europa y América cuando se hablada de Democracia? ¿De qué se hablaba por aquellos tiempos en América y Europa cuando se hablaba de Representación? 

En principio, podríamos decir, en términos generales, que, en aquel contexto, la Democracia era colocada a la izquierda de la Representación, por los militantes europeos de ambos proyectos políticos. 

Por aquellos tiempos, en Europa, la Democracia no era pensada en términos prácticos como un sistema de derechos y obligaciones y un procedimiento para la libre elección de los representantes del pueblo en el Estado, sino en tanto bienestar general de la población, lo que implicaba que no era tan importante quién gobernaba ni cómo llegaba al gobierno, sino cómo se gobernaba. Los fines eran más importantes que los medios para lograrlos. Democracia era vida digna -fundamentalmente, en términos materiales- para la mayoría de la población (de allí el concepto de "dictadura del proletariado", que hoy nos resulta antipático). Aún sigue siendo así, en términos conceptuales. 

Por aquellos tiempos, en Europa, la Representación era pensada en términos prácticos como instrumento de una burguesía -como hoy, minoritaria-, que acaparaba no sólo los medios de producción y de cambio, sino también el gobierno y, por consiguiente, dictaba las condiciones de vida de la mayoría de la población e imponía requisitos restrictivos para elegir y ser elegido, lo que garantizaba, en beneficio de esa minoría, la reproducción del sistema (de allí el concepto de "dictadura de la burguesía", que hoy, prácticamente, se ha esfumado de nuestro sentido común). Aún sigue siendo así, en términos conceptuales. 

Si digo "en términos prácticos", es porque estos estaban muy alejados de los "términos teóricos" en que muchos intelectuales trabajaron, al calor de aquellos conflictos (Montesquieu, Hobbes, Rousseau, etc.). 

No descontextualicemos: esto no era un debate pacífico en Europa. Se daba en medio de guerras casi permanentes, dentro y entre los Estados de entonces, a lo largo de casi todo el siglo XIX, para conquistar territorios, para internacionalizar la Revolución, para revolucionar la Revolución, para desmontar la Revolución, etc. Y allende los mares, en América, para aplastar los impulsos emancipatorios, para colonizar la emancipación y demás yerbas. 

Democracia o Representación a la rioplatense 

El contexto americano es la disolución del orden colonial (con todas las transformaciones imaginables e inimaginables en las relaciones culturales, políticas, económicas, sociales), la resignificación de la soberanía (que ya no era imputable al Rey por derecho divino), la definición de los territorios nacionales (a sangre y fuego), las guerras de independencia. Y todo esto, en forma simultánea. 

En el punto que nos toca, el conflicto, en el Río de la Plata, era Cabildo vs. Representación. Había que elegir entre la "retroversión" de la soberanía, imputable a pueblos y ciudades (esquema corporativo español, con el Cabildo como "bunker") o la nación como sujeto único e indivisible, compuesta por individuos libres e iguales, que no remitía a ninguna práctica conocida concreta, pues provenía, en parte, de la Revolución Francesa, aún en curso, y del constitucionalismo norteamericano. 

El Cabildo, como una de las poquísimas instituciones coloniales sobrevivientes tras la caída de la monarquía española, era el refugio de la primera teoría (retroversión de la soberanía), con lo que podríamos aventurar que por estas tierras, la Representación, al revés que en Europa, estaba a la izquierda del Cabildo (que era una democracia antigua, sólo ejercida "por la parte principal y más sana de la población"). 

Por otra parte, demasiadas cuestiones se estaban discutiendo y resignificando por entonces: el concepto de pueblo, de nación, de ciudadano (en oposición al concepto de vecino, propio del Cabildo colonial), y las diversas formas de organización institucional a adoptar, superada ya la discusión entre Monarquía y República, además de la definición de los territorios que abarcarían cada uno de los Estados-Nación que se estaban formando. Todo ello en el contexto de las guerras de independencia que se libraron durante muchos años en forma simultánea con aquellas discusiones político-ideológicas. 

Finalmente, luego de diez años de disputa (1810-1820) triunfó la Representación, que tardó más de 130 años en consolidar la forma que hoy conocemos en Argentina y que, a excepción de su cerrado presidencialismo, no difiere mayormente de las formas representativas europeas.

Simplezas y complejidades 

Y aquí estamos. Discutimos la necesidad de contraponer una justa y democrática distribución de la riqueza a un sistema injusto y autoritario de asignación de recursos económicos. Pero no discutimos la necesidad de promover una justa y democrática distribución del poder contra un sistema injusto y autoritario de asignación de recursos políticos. Así las cosas, no salimos del circuito meramente electoral, es decir, reproducimos lo estructural y no avanzamos hacia su puesta en crisis. 

Porque la acción política instituye la naturaleza del poder: cómo decidir el régimen de selección y circulación de las élites, cómo establecer las relaciones entre gobernantes y gobernados, quienes deben hacer la ley y quienes deben obedecerla, qué perfil productivo se pretende y cuáles son los criterios básicos para la producción y distribución de la riqueza. Tan simple en la teoría. Tan complejo en la práctica.

Como puede observarse, no es para nada fácil ni rápido resolver cómo vivir en sociedad y sostenerlo en el tiempo…

(*)  Carlos Sortino exclusivo para Cadena BA. 18/10/2017

Periodista, ex docente de la UNLP. Referente de la Agrupación Municipal Compromiso y Participación (COMPA)