En la fiesta de San Cayetano, el Arzobispo de La Plata, monseñor
Víctor Manuel Fernández visitó el Santuario de calle 44 en La Plata,
para celebrar la Misa por la Patria. Siguió de este modo una
propuesta de la última declaración de la Conferencia Episcopal Argentina (CEA), que bajo la figura del santo del pan y
del trabajo reclamó a la dirigencia responsabilidad y diálogo en estos
momentos críticos de la Patria "en
orden a responder a las angustias que afligen al pueblo: la falta de trabajo,
la inflación asfixiante, etc".
En la homilía titulada "San Cayetano nos
recuerda el Evangelio social" les preguntó a los presentes: "¿Quién es este santo que tiene un corazón sensible ante nuestras
necesidades?".
Ante todo, dijo, Cayetano "era
un enamorado de Jesucristo, que un día decidió seguirlo y nunca más volvió
atrás". "Así te
llama a vos a encontrar a Cristo, a subirte a su barca con alegría, como dice
un poema: 'Puse mi pie en la barca del Evangelio, y la barca se puso a andar.
Nunca más volveré atrás'. Porque con Cristo se acaba la soledad, el abandono,
el miedo, la oscuridad del alma. Con el brilla esa luz que nos guía por la
vida. San Cayetano se consagró a Jesús y no lo soltó nunca",
expresó.
Pero por eso mismo, continuó, "San
Cayetano fue alguien que se tomó en serio el Evangelio. Él veía lo que Jesús
nos enseña en el Evangelio y se dejaba tocar, se dejaba inquietar". "Él leía cuando Jesús nos dice que lo que le
hicimos a un hermano necesitado se lo hicimos a él, y se preguntaba cómo lo
podía aplicar él en su vida. Leía que todos somos hermanos, y buscaba la forma
de vivirlo".
En ese sentido, además, el arzobispo reconoció que "lo que más me llama la atención de San
Cayetano es la creatividad que tuvo para vivir el amor a los hermanos",
remarcando que "hay dos
ejemplos que me impactan y que quiero recordar, porque lo muestran a Cayetano
de cuerpo entero":
Por un lado, recordó que "San
Cayetano vio que los enfermos graves, terminales, quedaban abandonados, la
sociedad no se interesaba en ellos en un momento tan terrible de sus vidas.
Entonces fundó el primer hospital para enfermos terminales",
porque "Cayetano tenía otra
lógica: los miraba con los ojos de la fe y reconocía la inmensa dignidad de
esos seres humanos", agregó.
Otro de los ejemplos, fue que el santo "veía que cuando la gente estaba muy ahorcada por los problemas
económicos, tenía que caer en manos de los usureros que les destruían la vida.
Entonces creó un banco que prestaba con intereses bajos, que se llamaba 'Monte
de Piedad'", recordó.
Monseñor "Tucho". Fernández exclamó que San Cayetano "tenía ese corazón realmente preocupado por los problemas de la gente,
después de su muerte mucha gente le pedía ayuda, ya que decía: este hombre que
fue realmente tan generoso y tan sensible ante el dolor humano, ¿cómo no nos va
a escuchar?".
Por otra parte, expresó que San Cayetano "no estaba solo". Él quiso vivir en comunidad, como vio que
hicieron los primeros cristianos, "que vivían unidos, se ayudaban unos a otros, oraban juntos. Él quiso
también vivir así, y formó una comunidad de sacerdotes que vivían con
austeridad, compartían todo, y se ocupaban de los más pobres", dijo.
En ese sentido, pidió que "tomemos
este hermoso ejemplo y sepamos vivir en comunidad con otros hermanos y otras
familias, capaces de ayudarnos unos a otros, de orar juntos, de estimularnos
unos a otros para perseverar firmes y para crecer en la fe".
Asimismo, el arzobispo recordó que "hoy venimos a pedirle que a nuestras familias no les falte el trabajo,
porque no queremos vivir de limosnas, queremos trabajar, poner nuestro esfuerzo
para construir nuestro futuro y el bien de nuestros hijos".
Y finalizó: "En esta fiesta,
San Cayetano nos estimula a tomarnos en serio del Evangelio y a vivir de otra
manera. Que él interceda por nosotros para que aceptemos el desafío de ser
santos, con una santidad comunitaria, en este mundo que nos toca vivir".
Luego de la Eucaristía, se realizó la tradicional procesión con la imagen del
santo por las calles aledañas al santuario y también se celebraron diferentes
misas a lo largo de todo el día, en donde se bendijeron espigas de trigo y
estampitas del santo.