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| 11-03-2012 | En todo el país | |||
| Más de 20 mil presos comienzan su ciclo lectivo | |||
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Isabel Giacchino de Ribet, Coordinadora Nacional de la
Modalidad Educación en contextos de encierro, dijo que "son cada vez más
los internos que se interesan por estudiar, por lo que desde el Ministerio de
Educación se logró que en cada escuela carcelaria haya una biblioteca y se
trabaja para que también tengan los espacios adecuados a una escuela". Existen 180 unidades penitenciarias federales y en cada una
de ellas hay escuelas de nivel primario, secundario y terciario. "A partir del año pasado, con la sanción de una ley
específica para educación en contextos de encierro, se tomó a esta modalidad
"como un derecho que tienen los presos, el derecho a estudiar",
explicó Ribet. Sostuvo además que "es notable como cambia un interno
cuando se decide a dedicar su tiempo a estudiar, ya que se vuelve una persona
menos agresiva y violenta" y destacó que de acuerdo a un reciente estudio
"la educación en las cárceles reducen en más del 50% la
reincidencia". En este sentido, precisó que "esta demostrado que entre
un 5 y 6 % de los presos que estudian reinciden en el delito una vez que salen
en libertad, mientras que ese porcentaje se eleva a un 60% para los que no estudiaron
dentro de la cárcel". Hasta la sanción de la ley de educación nacional, en el año
2006, la única opción de estudio para los internos era la escuela primaria. A partir de esa norma se incorporó la escuela secundaria y
formación para el trabajo, mientras que también existen ofertas de educación
superior. Ribet explicó que una nueva modalidad que se ofrece en
paralelo a la primaria y secundaria es la de "formación para el
trabajo", la cual "es una apuesta para el futuro del interno una vez
que salga en libertad". Puntualizó que al interno "se le ofrece una
capacitación superior de nivel técnico, complementaria a ofertas de estudios
superiores que dan diversas universidades como la UBA". Ribet consideró que los presos se vuelcan a los estudios
"porque el espacio que se le ofrece es distinto al del encierro, por eso
valoran mucho la educación ya que a menor nivel educativo es mayor el nivel de
reincidencia y ellos lo saben". La coordinadora aseguró que "al interno, una vez que sale de prisión, le resulta muy difícil seguir estudiando porque lo primero que tiene que pensar es salir a buscar un trabajo" y añadió que otro factor de acercamiento del interno a los estudios es para "llenar con un contenido útil el tiempo de encierro". Uno de los propósitos del programa es lograr que los
internos que se deciden a estudiar tengan la misma educación de calidad que los
que no están encerrados y para ello "se los incluyó no sólo en el programa
Conectar Igualdad, por el cual reciben una netbook, sino también que existe un
post título especial para los docentes que enseñan en esta modalidad",
explicó Ribet. "No basta con dar educación en las cárceles sino que la misma sea de calidad y con dignidad, porque el hecho de que un individuo esté preso no significa que se le reduzcan los derechos sociales", aseguró la coordinadora del área de la cartera educativa. Indicó que también se nota un cambio de actitud de parte de
los agentes del Servicio Penitenciario Federal, quienes siempre fueron reacios a
que los internos estudien. "Pero ahora se dan cuenta que al volcarse a tener una
formación, el individuo que está encerrado cambia su manera de ser y se vuelve
menos agresivo y violento". "Lo que da la educación es la posibilidad de resolver
los conflictos mediante la palabra y no a través de la violencia física, por lo
que los propios agentes penitenciarios se muestran favorables a que los
internos estudien, especialmente los agentes jóvenes". Estos cambios "también los notan los familiares de los
presos que los ven mucho mejor en su autoestima y su estado de ánimo, ya que
muchos de ellos debieron dejar la escuela desde chicos y no tuvieron la
posibilidad de volver a retomar sus estudios". Ribet contó que en muchas unidades penitenciarias la posibilidad de poder estudiar "sólo estaba pensada para los analfabetos o los que estaban condenados, pero ahora el derecho a estudiar incluye a los procesados y a los que tienen estudios pero los dejaron, por lo que hubo que adecuar las instalaciones en aquellas unidades penitenciarias con una vieja infraestructura". |