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| 31-07-2019 | Inteligencia artificial | |||
| La UNQ incentiva la ayuda de las máquinas a las personas | |||
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El proyecto "Inteligencia
Artificial aplicada a la detección temprana de cáncer de piel y malezas" es uno
de los cinco beneficiarios por la iniciativa de la Universidad Nacional de
Quilmes (UNQ) denominada "Promoción
de la Investigación en Temas Estratégicos Institucionales" (PITEI).
Recibirá el monto anual de 300 mil pesos y tendrá el desafío de cumplir durante
los próximos cuatro años con el desarrollo de productos innovadores. Sus
miembros se proponen un objetivo por partida doble. En base a las bondades que
provee la inteligencia artificial proyectan, por un lado, la construcción de un
instrumento capaz de detectar procesos tumorales y lesiones precancerosas por
espectroscopia Raman; y, por el otro, desarrollar un sistema para la detección
y clasificación de malezas a partir de imágenes adquiridas desde una plataforma
móvil (terrestre y aérea) que navegará sobre los campos determinados. A la dirección del
químico Fernando Alvira y la codirección conjunta del físico Damián Oliva y el
biotecnólogo Jorge Montanari, también se suman los aportes de la filósofa
Oriana Cosso y el economista Hernán Bergstein. Así, como se prevé, las
tecnologías que se obtendrán serán fruto de un jugoso trabajo
transdisciplinario. "Este subsidio nos invita a trascender las disciplinas.
Debemos reconocer que los objetos de estudio son demasiado complejos como para
que una sola persona los pueda abarcar. En este caso, no es un proyecto de
biomedicina, ni de bioética ni tampoco de ingeniería o económico, sino que es
tecnológico y está atravesado por todo ello junto", explica Cosso al respecto
de las dos líneas por las que caminarán las acciones del equipo. Lo más profundo es la piel Las células de la piel,
una vez que se transforman por efecto de un cáncer en fase incipiente o
avanzada, emiten una señal distinta a las generadas por aquellas en condiciones
normales. Precisamente sobre esta distinción actuarán los algoritmos. "La espectroscopia
no es ni más ni menos que molestar a un sistema para ver cómo responde.
Utilizaremos esta técnica para detectar tumores y reducir el margen de error
que podrían tener los diagnósticos tradicionales. Además de ganar precisión se
realizará mucho más rápido", señala Montanari. El instrumento, en
concreto, estará compuesto por un láser cuya potencia no daña a los pacientes.
Los espectros adquiridos -es decir, los datos obtenidos tras el contacto con
las pieles- serán almacenados en una computadora portátil. Por último, el
procesado e interpretación podrá realizarse en el mismo momento de adquisición,
o bien, se procesará en una nube de datos alojada en la Universidad. "Aquello
que identifica el detector se mandará a comparar con la base de datos que planeamos
generar. Cuantas más pieles tengamos examinadas, más entrenado estará el
algoritmo y más preciso será el sistema", destaca. ¿Cómo se detectan en la
actualidad? Hoy, aquellas manchas o lunares que, potencialmente, podrían ser
tumores son extirpados por los dermatólogos y enviados a los patólogos para su
análisis. Aunque el proceso funciona de manera aceitada podría mejorarse e
intentar resolver aquellos obstáculos que aparecen habitualmente. Hacia la
resolución del meollo se dirigen los científicos de la UNQ:"la persona que
examina el posible tumor debe tener mucha experiencia en este tipo de exámenes;
y aun así se producen falsos positivos y falsos negativos en una tasa nada
despreciable. Con este método de detección y diagnóstico que proponemos no
buscamos reemplazar al patólogo pero queremos brindarle una herramienta más
certera", apunta Alvira. Luego de la puesta a
punto del equipo, los investigadores se plantean la posibilidad de transferirlo
a grupos privados así como también al sistema de salud público. "Podríamos
proveer a alguna empresa que quisiera hacerse de los materiales y existe la
posibilidad de ofrecerlo al sistema nacional; una vez que esté listo este
prototipo se podrían armar varios en distintas zonas del país, sobre todo en aquellas
en las que no hay especialistas", expresa Montanari. Por último, como la base
de datos estará constituida a partir de información sensible. En este sentido,
el equipo cuenta con Cosso que, desde la perspectiva de la bioética, procura
que ningún detalle quede librado al azar. "Decía el poeta y el filósofo francés
Paul Valery que 'lo más profundo es la piel'. Será central proteger los datos
que se generan. Necesitamos de una clasificación de pieles muy controlada y de
una vigilancia epistemológica constante", dice. "La piel como objeto de estudio
debe ser abordada con el mayor de los respetos; la ética del científico siempre
precede", completa. Hierba mala ahora muere Un segundo objetivo del
proyecto se focalizará en desarrollar un sistema para la detección y
clasificación de malezas, a partir de imágenes adquiridas desde una plataforma
móvil que sobrevolará los campos. La información de la pose -esto es, posición
y orientación- del vehículo se fusionará con los videos adquiridos para luego
generar mapas con los yuyos geolocalizados. Esta información, por último, será
un insumo esencial para el planeamiento de una aplicación de herbicidas
optimizado localmente. El propósito, plantea
Alvira, es atacar un problema que molesta en la agenda de todos los productores
agropecuarios del país: las hierbas resistentes. "Desde hace mucho tiempo, en
Argentina se aplican los paquetes tecnológicos de agroquímicos para
combatirlas. Llegó un momento en que las malezas adquirieron la capacidad de
resistir. Como fumigar en lugares donde no corresponde implica múltiples
problemas de salud pública y planeamiento habitacional que ya conocemos, el
objetivo es reducir las cantidades de herbicidas. Esto se logra a través de un
monitoreo específico para evitar el rocío del producto de manera
indiscriminada", comenta. El mecanismo será el siguiente: se emplearán cámaras
que observarán hacia el campo desde las alturas a través de un dron. El
dispositivo analizará las imágenes y, a través de algoritmos de inteligencia
artificial, conseguirá discriminar las malezas, las cosechas y el suelo
desnudo. Como resultado, solo se emplearán agroquímicos en los sitios
pertinentes. La inteligencia artificial es protagonizada por personas que diseñan máquinas para ayudar a otras personas. Ese costado de la ciencia como base fundamental de la tecnología, capaz de modificar algún aspecto de la vida de las poblaciones, sencillamente, nos maravilla; ya sea para elaborar un diagnóstico precoz de cáncer de piel o para mejorar los rendimientos del campo y disminuir los efectos adversos de los agrotóxicos sobre las poblaciones circundantes. Cuando esas personas, como en este caso, provienen y trabajan desde las universidades públicas y gratuitas, el orgullo se duplica. |