22-06-2026
09-07-2011 | “Sombrero, sombreritus, conviérteme en leyenda”
Manuel García Ferré: "El hombre deja de ser humano cuando deja de jugar"

En la edición nº 26 de 200 Argentinos, el argentino reconocido es Manuel Garcia Ferre de quien cuentan que "está considerado el dibujante infantil más popular, naïf y educativo de Latinoamérica. Ciudadano porteño ilustre -aunque nació en Almería-, fue pionero en gráfica, cine y televisión. De Pío-Pío a Petete, de Anteojito a Hijitus, de Oaky a Larguirucho, sus personajes marcaron a generaciones enteras".

Manuel García Ferré nació en 1929, en la ciudad de Almería, España. Pero lo esencial de su vida ocurrió en Villa Leoncia y en Trulalá, dos pueblos que sólo existen en la mente de su creador, y donde nacieron sus personajes más célebres.

Ferré decía que había desarrollado su sentido del humor tratando de hacer reír a sus padres, quienes sobrevivían, como podían, al azote de la Guerra Civil Española -su padre, empleado de correos, era antifranquista y le hacían la vida imposible-. "Gracias a ellos -recordó Ferré- conocí la miseria. La miseria es lo más útil para crear y progresar." Su mamá, apasionada de la pintura, lo acercó a su primer pincel.

A decir verdad, esta historia, más que con una guerra, empieza con un pollito vagabundo por el que nadie daría dos centavos: Pío Pío, una tira que debutó en 1952 en la revista Billiken, y devino, muy pronto, de personaje vagabundo y lustrabotas en comisario del pueblo, y de boceto en la mente de Ferré, un hombre que ya caricaturizaba a sus compañeros de clase, en figura central de una historieta durante seis años.

Al igual que el pajarito, Ferré también había volado; de España a la Argentina, a los 17 años con su familia. En poco tiempo pasó de estudiar en la Facultad de Arquitectura y recorrer las redacciones de revistas presentando una carpeta de dibujos como si fuera vendedor ambulante, a tener editorial propia, lanzar una de las revistas para niños más leídas de la historia y concebir a Superhijitus, el primer superhéroe animado de la Argentina.

Antes de ganarse la vida como dibujante, un tío quiso rescatar económicamente a Manuel y perfilarlo en una carrera tradicional con sueldo asegurado. Le consiguió una entrevista en una compañía de seguros. Ferré fue sometido a un test de ingreso. Allí, en el cuestionario, le preguntaron si soñaba despierto. Ferré fue sincero: dijo que sí. Y, a la semana, le llegó la noticia: había sido rechazado. "Ese episodio que entonces viví como un fracaso -dijo él- terminó siendo un triunfo".

Desde aquellas aventuras de Pío Pío en Villa Leoncia, comenzaron a desfilar los personajes que convertirían a Ferré en el dibujante infantil más popular, naïf y educativo de Latinoamérica: Oaky, un bebé aristócrata; Calculín, un niño con un libro como cabeza, e Hijitus, un chico que deviene en héroe metiéndose dentro de un viejo sombrero de copa. Según Ferré, "es un tierno lleno de simpleza que adquiere superpoderes cuando sucede una injusticia".

Ferré también hizo carrera en el mundo publicitario. Realizó 800 cortos comerciales, muchos de ellos protagonizados por sus personajes. De hecho, en sus inicios, Anteojito, el nerd protagonista de su futura revista educativa, y su tío Antifaz, surgieron pensados para el mundo del marketing -ambos tomaban yerba Nobleza Gaucha, sazonaban sus comidas con aceite Cocinero y promocionaban artículos de camping-.

En 1967, Ferré convirtió a Hijitus en serie animada -la primera en su estilo en estas pampas -, un héroe minúsculo que luchaba contra el diabólico científico Neurus y su acompañante compadrito, tanguero y de musculosa, Pucho. En la serie, a veces del lado del bien, a veces tentado por el mal, tribulaba el destino de Larguirucho, lánguido, lerdo, engreído y tonto -según su creador, el prototipo del chanta porteño-. En un sondeo del diario Clarín entre 800 fanáticos, el 39% eligió a Larguirucho como el personaje favorito de las creaciones de Ferré, dejando al héroe del sombrero en segundo lugar.

Las aventuras de Hijitus se emitían por TV en episodios diarios de un minuto, en cinco horarios diferentes, y llegaban cada mes al desenlace. En 7 años, tuvo 52 andanzas completas, luchó contra Neurus, batió a la temible bruja Cachavacha y ayudó al Comisario que hacía "repimporotear" a los malos del pueblo.

Hijitus, además, tuvo su propia revista -se editó durante 10 años-, su propio cacao y la línea de chocolatines Jack regalaba muñecos de la serie. Mientras tanto, Ferré disfrutaba bautizándolo todo a su paso con el sufijo "us": Hijitus, Pichichus, Sombreritus. "Era una forma de vengarme de las clases de latín que me hacían estudiar en el colegio -recordó-. Las odiaba."

Al tiempo que Superhijitus ponía el mal a raya, Petete, un personaje que comenzó llamándose Malvino, el pingüino argentino -tras la guerra de Malvinas, el dibujante lo modificó-, ponía a los burros a raya. En los '80, Petete tuvo programa propio y era cara y chupete de una enciclopedia juvenil, el legendario Libro Gordo de Petete, un título que se hizo tan reconocido que lo leyeron generaciones de niños en Israel, el mundo árabe y la entonces Unión Soviética. Cuando Ferré vendió el personaje a Francia debió rebautizarlo, pues el nombre ya tenía dueño: una empresa estatal llamada P.T.T.

Ferré llevó a la pantalla grande a Petete, Hijitus, Trapito -un niño espantapájaros-, Calculín, Ico el caballito valiente, y en el 2000 a Pantriste.

Pero también se inspiró en otros. A fin de siglo, filmó Manuelita, el personaje de María Elena Walsh, y la eligieron para representar al país en los premios Oscar.

Una leyenda entre sus pares, nombrado ciudadano ilustre de la ciudad de Buenos Aires a los 80 años, Ferré es un artista al que le gusta repetir, "el hombre deja de ser humano cuando deja de jugar". Y hay que creerle.

Por Esteban Rey