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02-06-2014 | Historia
Matías Bernatene: Curiosidades del viajero que partió a Costa Rica en moto junto a su perra

Por Eduardo Capdevila.- Desde el encuentro fortuito con la presidenta que le permitió promover un programa de ayuda a atletas paraolímpico a su cargo hasta la pesca solo de un tiburón de casi 2 metros que devolvió al mar, pasando por la triste historia por la que lleva su perra a todos lados, son algunas de las anécdotas que Matías Bernatene contóantes de partir a Costa Rica en moto.

De barba algo tupida, pelo peleado con las tijeras y peine y entradas pronunciadas coronadas por rastas en la nuca, más el collar hippie que ostenta mientras habla bajito sobre la armonía cósmica, es más fácil imaginarlo haciendo artesanías en cualquier plaza, que a cargo de programas nacionales de alto rendimiento para deportistas olímpicos con discapacidad, que recibieron el reconocimiento y financiamiento del gobierno y medallas en foros internacionales. Pero Matías Bernatene es esto último, un profesor de educación física que es una eminencia con sólo 33 años, pero eligió estos años perderse en el bajo perfil siguiendo su intuición; y con el mismo espíritu ahora se perderá en rutas y caminos de los climas más variados, para hacer los casi 9.000 kilómetros de La Plata hasta Costa Rica en moto, acompañado por su perra Dulce Navidad.

El día antes de empezar la travesía, Cadena BA  fue al encuentro del tipo que canjeó la comodidad de alguna oficina nacional en la Secretaría de Deportes o en el Comité Olímpico por un asiento sobre dos ruedas con el viento, el sol y la lluvia hostigando.

A los motoqueros que envidian sanamente el viaje de Matías hay que decirles que no sale en una de las costosas motos trail alemanas o una gran chopera cardánica japonesa, las elegidas para grandes periplos porque no requieren casi mantenimiento. Lo hace en una Mondial 250 con más de 18.000 kms a cuestas. No le importa que sea más china que la muralla y hasta desconoce el fantasma de que esas motos fulminan la caja de cambios al romperse el famoso Torrington. Ante esto muchos creen que seguro sabe de mecánica y va con herramientas, un kit de transmisión de repuesto y otros accesorios; pero Matías no sabe nada de esto y sólo tuvo motos chicas de adolescente, al punto que en esta tuvo una caída por no poder manejar en una curva el peso del carrito.

A los que en vacaciones abandonan sus mascotas por falta de lugar hay que decirles que Matías ató a la moto un carrito hecho por un herrero, que tiene iluminación y un bolso con cierre impermeable, donde lleva, además de la ropa, carpa y aislante, un almohadón para su perra Dulce Navidad. Mezcla de collie y callejera, de color blanco con manchas caramelo, llegó a su vida asustada y perdida tras los festejos de la Noche Buena de 2007 en Mar del Plata. ¿Por qué no la deja a cuidado de un pariente ? Porque hace mucho tiempo tuvo otro perro al que dejó por un viaje de trabajo al exterior y al regresar le contaron había muerto porque no quería comer de la tristeza. "Por eso Dulce va a todos lados y será mi compañera en este sueño. Se lo merece", dijo Matías.

En definitiva, sólo sabe que, luego de haber recorrido Europa, Jordania, Egipto y otros países por trabajo, quiere viajar a ese país que de niño apenas veía en el mapa y le gustaba pronunciar, Costa Rica. Sin herramientas, sin mapas y sin GPS, apelará "a los carteles de las rutas y a la información que brinde la gente con buena onda en este hermoso camino", contó Matías, quien se declaró un "enamorado de las historias y anécdotas de vida" que demuestran que "la vida te recompensa cuando das sin pensar".

El tiburón devuelto

Con Matías las anécdotas fluyen. Hace unos años, pasando Santa Clara del Mar fue a hacer pesca pesada. Nadó 400 metros mar adentro para poner la boya con carnada y volvió a la costa. Esperó durante horas hasta que picó algo grande. Sin llegar al extremo de la historia "El viejo y el mar" de Hemingway, luchó hasta el cansancio para traer a la orilla un tiburón de casi dos metros de largo.

Apenas podía recomponerse del esfuerzo y uno de sus compañeros de travesía le propuso llevar rápido el escualo al puerto de Mar del Plata, pues le podían dar mucho dinero por él. Ante esto, Matías respondió "a este lo devolvemos al mar". Ante el silencio de estupor de su amigo, amplió: "si no le quito al mar algo que no necesito, el mar me va a recompensar".

Tras esto, le pidió a su amigo que tomara el celular y le sacara una foto con la presa. Después, forcejeó con el pez hasta donde el agua le daba a la cintura y lo soltó, ante la desazón del fotógrafo. De regreso a la orilla fue a una zona cercana a lavarse las manos, cuando vio entre las piedras un brillo; hurgó debajo del agua y halló un reel rotativo con una caña, ambos de las líneas más costosas del mercado. "Esto es la recompensa. Antes tenía un pez grande y ahora tengo el testimonio de la pesca del pez, una caña y un reel", le dijo a su amigo.

Tiempo después durante un paseo en la costa conoció una persona a la que no le creían una historia. Decía que mientras estaba pescando con un kayac con caña corta para embarcado enganchó un tiburón y que para que no le diera vuelta la barcaza soltó todo el equipo diciendo "aunque es el único que tengo, que otro lo disfrute", y al llegar a la orilla encontró otra caña con otro reel. Matías era el único que creyó en la anécdota. "A mí me pasó, así que por qué no voy a creer en las recompensas", dijo el profesor de educación física viajero.

Encuentro con Cristina

Hace unos años Bernatene había realizado en el Centro Nacional de Alto Rendimiento Deportivo (CENARD) una serie de ponencias sobre políticas de promoción de la práctica del deporte como mecanismo de inclusión para personas minusválidas. Al término del encuentro, estaba de regreso a Mar del Plata y un amigo lo invita a presenciar otro acto de la Secretaría de Deportes de la Nación en Puerto Madero; se bajó, se afeitó a las corridas en una estación de servicio de la ruta y fue al lugar.

Luego de escuchar el lanzamiento del programa del gobierno no se sintió a gusto con los lujos del salón principal y decidió empezar a recorrer pasillos y oficinas del predio con vista al río, haciendo tiempo para regresar. De golpe apareció una turba de funcionarios, asesores y cámaras de televisión. Se encontró en el medio de la marea y se dejó llevar, mitad por curiosidad y mitad por inercia. De golpe se encontró al lado de la que motivaba el gentío, la presidenta Cristina Fernández de Kirchner.

Con celeridad, Matías se pegó a la Presidenta y le pidió si se podía tomar una foto con ella. La mandataria accedió y luego de la pose de rigor y el flash del celular, él le dijo "¿Sabía que el hombre más fuerte del mundo es argentino?". "¿Cómo que es nuestro?", le inquirió Cristina. La respuesta no se hizo esperar. "Se llama Darío Villarroel, nació en Jujuy y vive en Mar del Plata. Es el primer pesista del Seleccionado Argentino de Levantamiento Paraolímpico de Pesas y tiene el récord histórico por levantar cuatro veces el peso de su propio cuerpo. Y ahora está complicado por el financiamiento para representar al país", explicó Matías a CFK.

La Presidenta volteó la mirada hacia al costado y dijo "ustedes dos vengan para acá". Como alumnos temerosos se acercaron el secretario de Deportes, Claudio Morresi y el presidente del Comité Olímpico, Julio Werthein. "Escuchen esto y soluciónenlo", dijo la mandataria.

El desenlace fue así: "Tanto Darío como otros pudieron crecer porque se ampliaron los programas. Y hasta participamos en Londres (Juegos Paralímpicos 2012), algo histórico, donde el hombre más fuerte del mundo dijo presente", contó Matías feliz. "Si no me volvía ese día sacrificando estar antes en Mar del Plata esto no pasaba. La vida te premia si le das antes", manifestó mientras exhibe el celular con la foto de Cristina, Morresi y Werthein escuchándolo; el mismo celular de la foto del tiburón devuelto.

Soy hoy

Además de ser el lugar de viaje de su perra Dulce Navidad, la cual además tiene antiparras para el viaje -unas de silicona de natación más estiradas-, el carrito atado a la moto tiene elementos simbólicos de su paso por distintas ciudades, que le servirán de recuerdos de los que quedan en Argentina pendientes de que la suerte lo acompañe estos miles de kilómetros.

Así es que el bolso tiene desde una cerbatana indígena regalada por una comunidad aborigen hasta un arco fabricado por un especialista en arquería de Miramar, cuyo fabricante se lo regaló y Matías le hizo grabar en el mango la leyenda "Soy hoy", como consigna de reivindicación del presente. "Somos historia que no hay que olvidar y proyectos futuros, pero en lo real no somos más que el presente. Si lo sabés vivir la vida te recompensa", insistió

Matías y Dulce Navidad partieron de la Plaza Moreno de La Plata. Los esperan tantos paisajes como personas: tantos kilómetros como esperanzas. Y estarán pendientes de sus andanzas muchas personas. "En un día recibí más de 300 solicitudes de amistad, no sé qué hacer, perdón a muchos si no respondo", dijo antes de levantar campamento. Sin GPS. Sin mapa. Sin herramientas. Esas cosas no estaban en el planisferio que vio de niño y mostraba casi imperceptible un pequeño país: Costa Rica.