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| 11-05-2018 | EN MEMORIA | |||
| Carlos Mugica: 44 años después | |||
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Carlos Francisco Sergio Mugica Echagüe, así se llamaba, tenía un nombre "paquetísimo", antes de pasar a ser simplemente "el cura" Mugica, que adhería a la Teología de la liberación, que basa su opción preferencial por los pobres. Antes de ordenarse sacerdote, compartía el mandato de una familia conservadora y los devaneos de la juventud. No fue al principio un estudiante destacado, prefería el fútbol a los libros. Hasta que él mismo comprendió su capacidad intelectual y tras algunas idas y venidas, egresó como bachiller del Colegio Nacional de Buenos Aires para luego inscribirse en la Facultad de Derecho de la UBA en la que cursó dos años. Ese tiempo le fue suficiente para conocer al hermano del "Che" Guevara y tal vez en esa relación comenzó a vislumbrar que había otra realidad, la de los pobres, los marginados, los que dejaron fuera. Por esa cosa de las "causalidades" de a poco comenzó a amasar la idea de volcarse a Dios de manera "formal" y cuando contaba 21 años de edad ingresó al Seminario. Por ese tiempo, la caída de Perón y el clamor del pueblo por su líder y su animadversión por los curas, le hizo comprender que estaba parado "en la vereda de en frente". Y así comenzó a crecer su compromiso con los pobres, fue misionero y llevó la palabra del Señor a diferentes puntos del país. Fue amigo de Gustavo Ramus, Fernando Abal Medina y Mario Firmenich, quienes serían dirigentes de "Montoneros", el brazo armado de la por entonces Juventud Peronista. Luego se distanciaría de ellos por no compartir su metodología de lucha armada. Hablaba de Juan Domingo Perón, del "Che", de Camilo Torres, de Mao. Quizás así fue como firmó su sentencia de muerte. En la Villa 31 de Retiro aumentó su compromiso con los pobres y fundó la parroquia Cristo Obrero. Memoriosos de la época cuentan que en algún lugar estaba colgada la controvertida imagen del Cristo con fusil. El cura Mugica no vivía allí, pasaba largas horas y después se iba a su modesto domicilio. El 11 de mayo de 1974 cinco ráfagas de ametralladora pusieron fin a su vida. El asesinato se le fue adjudicado a la Triple A, organización regenteada por "el brujo" José López Rega. El cura Mugica permanece vivo en la memoria de millones de argentinos, en los murales dibujados en su homenaje, en la película documental recientemente realizada por la CGT. En la juventud de este siglo que sigue su prédica. Hombres como Carlos Mugica jamás morirán del todo. |