25-10-2021
"Alberto Fernández es el 'de la Rúa de Cristinad'"
Por Gustavo Zandonadi (*) @GustavoZandon11

No es fácil entender al peronismo en tiempos normales, menos aún lo es en medio de una tormenta como la que estamos atravesando desde el domingo, cuando la caída catastrófica de las PASO nos deja un detalle para nada menor: Cristina Kirchner pasó a la oposición. La vicepresidente ya había encendido las primeras luces de alarma el año pasado, cuando escribió la famosa carta en la que denunciaba que había "Funcionarios que no funcionan" El jefe de gabinete Santiago Cafiero no fue nombrado en dicha carta, pero rápidamente salió a recoger el guante. Pero ya era tarde. Cristina comenzó a manejar su propia agenda y de a poco fue alejándose de la gestión del frente que ella integra y a la que realizó un gran aporte para llegar al gobierno en 2019.

Hace dos años la coyuntura era otra. No había pandemia, pero Cristina era la misma. Alberto no sabemos, porque era una incógnita. Por aquel entonces (tan lejano en tiempo) Alberto intentaba mostrarse como moderado, como el rostro civilizado y bueno que estaba para hacer las veces de contrapeso con el verdadero rostro del Frente de Todos. Para lograr que esto funcione, era necesario ver en Alberto una versión de cristinismo liviano. Eso se tradujo en un presidente anodino, sin iniciativa ni vuelo propio,  sin ambiciones de personales de poder y sin una estructura político-partidaria donde apoyarse. Cristina necesitaba un personero que le hiciera el trabajo sucio pero necesario (para ella, claro)

Sólo así un eterno segundón podía soñar con sentarse en el Sillón de Rivadavia. Pero no fue la primera vez que lo vemos en la historia del peronismo. En 1973 el presidente fue Cámpora. Duro 49 días. Tres décadas después, el presidente Duhalde ungió como candidato del gobierno a Néstor Kirchner. En este caso lo que se creía que iba a ser un mandatario flojo, terminó copando la parada y desafiando a su mentor en su propia tierra. Ahora tenemos a Alberto y Cristina, que impusieron un sistema vicepresidencialista que preserva a la reina y expone al peón, que queda cada vez más desdibujado.  

Para gobernar sin sufrir la presión constante y asfixiante del peronismo hay que ser caudillo. Cristina, por momentos lo es. Alberto Fernández, claramente, no. El peronismo está olfateando el vacío de poder que pone en jaque a un empleado administrativo que pide instrucciones a una jefatura que parece haberle picado el boleto hace rato. Si antes del domingo el kirchnerismo ya lo miraba con desconfianza, ahora lo mira mucho peor.

Hay dos cosas que el peronismo no soporta: perder elecciones y tener que esperar un período. Cuando pierden empieza a trabajar el Club del helicóptero, las marchas violentas a Plaza de Mayo y Plaza Congreso. Cuando pierden son peor que Nerón incendiando Roma. ¿Pero qué pasa cuando tienen un gobierno en que la segunda línea tiene el liderazgo por encima de la primera? El final se cuenta sólo. No casualmente la retirada kirchnerista fue el 15 de septiembre, aniversario del natalicio de Fernando De la rúa. Eso es Alberto Fernández para ellos: un De la rúa (políticamente hablando, porque el ex presidente radical fue una eminencia en derecho, cosa que Alberto Fernández pareciera no emularlo en ese sentido)

(*) Estudiante de Periodismo de la Escuela de Comunicación de Editorial Perfil.

Nota de opinión de 17 de septiembre de 2021