16-06-2026
24-03-2012 | "Más allá de sus ojos"
Jorge Manchiola: "Pretendo que el libro se lea como un homenaje a Mirta"

El periodista Jorge Manchiola contó detalles de su libro recientemente salido a la venta "Más allá de sus ojos" que reseña la historia de su hermana, Mirta, secuestrada y desaparecida durante la última dictadura militar. 

Cabe recordar que Manchiola se desempeñó como periodista en la Gaceta de La Plata, El Día, Diario Popular, y La Nación. También tuvo participación en radio provincia de Buenos Aires y en la Dirección de Prensa de la Cámara de Diputados bonaerense.

"Mirta Graciela Manchiola de Otaño estaba casada, embarazada de siete meses, 22 años cuando fue secuestrada y desaparecida por un grupo de tarea del comando de organización táctica que estaba al mando del terrible Miguel Etchecolatz, llevada a las comisaria 5ta ubicada en diagonal 74 entre 24 y 25" comenzó explicando el reportero, a la vez que recordó cuando su hermana "decía casi cuatro meses antes como una suerte de terrible profecía cuando le escribía a su hijo por nacer "tendrás que dar humanamente tanto que la vida te será corta".

Asimismo, según el ex periodista de la Nación "le faltaban pocas materias para ser abogada de la Facultad de Ciencias Jurídicas y Sociales de la Universidad Nacional de La Plata, por eso deduzco, que algún espacio de reflexión y fundamentalmente político habrá compartido con la actual presidenta de todos los argentinos; no nos olvidemos que estamos hablando de los años en que Néstor Kirchner y Cristina Fernández transitaban los antiguos pasillos de la Facultad de Derecho; mi hermana militaba en una lista conformada por radicales de avanzada, socialistas y la juventud universitaria peronista, que en sus dos vertientes originales el FURP y el FAEP estaban a cargo de Carlos Kunkel y Carlos Negri", explicó.

Seguidamente, Manchiola rememoró "Mirta era una agraciada muchacha de bellísimos ojos azules grisáceos que a veces en mi memoria se entrecruzan con los ojos de algunos de mis hijos. En una carta que escribe a su hijo y en una carta que recibo de un secuestrado desaparecido, muestra cuáles eran sus convicciones y su lucha,  ella bregaba por la libertad, y fundamentalmente la justicia de un pueblo oprimido".

De la misma manera, el periodista se sinceró "en mi vida he tenido dos enormes obsesiones: saber el paradero de mi hermano, por su hijo o hija en nacer; y por mi hijo de 18 años con características de TGD; la cuestión de mi hermana la hable repetidamente en la Gaceta, Diario Popular y mis amigos de aquellos tiempos recogieron muchas veces el testimonio o el recuerdo que aporté respecto de mi hermana, era casi obsesivo de ellos también preguntarme si sabía algo de Mirta".

Sobre su paso por La Nación, detalló "mi permanencia en La Nación fue desde octubre de 1980 al 30 de octubre del 2000; nunca las autoridades supieron el verdadero motivo por el cual me desvinculaba del diario; dos meses antes de esa fecha tuve una conversación con Leopoldo Shiffrin, el presidente del Tribunal en el que se sustanciaba el Juicio por la Verdad, me dijo que conocía mucho de la cuestión y le conteste que él también porque tenía la causa madre de la apropiación indebida de menores de Videla-Massera-Agosti en la que estaba como víctima mi hermana desaparecida el 5 de noviembre del 76".
 
Cuando se sustanció el juicio a los comandantes, Manchiola  presentó una nota "al que entonces era jefe del interior del diario La Nación en el que le manifestaba que tenía la intención de testimoniar por la parte querellante en el juicio a los comandantes; éste contestó que era firma y redactor del diario y sabia cuál era la ideología del mismo, me sugirió que no lo hiciera. Un buen día dije que cuando me desligue laboralmente, periodísticamente, iba a testimoniar. Y esa oportunidad la tuve en mayo de 2001 en La Plata y lo hice luego en  noviembre de 2002, en el año 2011 cuando se sustanciaron las atrocidades cometidas durante el tristemente famoso Circuito Camps".

El periodista también tomó riesgos a la hora de buscar la verdad, lo que había ocurrido con su hermana, en este caso decidió obtener el puesto de vocero del jefe de policía de la Provincia para ver si encontraba a su hermana, y este es su relato, "en realidad era un mentado cronista policial y judicial, para ellos era el número uno por eso Claudio Escribano me convocó en 1977, me negué, y en el año 1978, a través del anterior corresponsal en el diario La Nación, acepté trabajar en este último medio. En aquel momento este colega entendió que la Jefatura de la provincia de Buenos Aires necesitaba que un vocero tuviera contacto pero que el mismo sólo se limitara a informar sobre los hechos cometidos por la denominada delincuencia común. Hubo charlas entre este colega y Ovidio Pablo Ricchieri, jefe de policía de la Provincia de Buenos Aires".

"Tuve una pequeña entrevista - prosiguió - Ricchieri me dijo que me iba a encargar de tener el contacto diario con mis colegas, solo me pidió que me ocupe de los hechos que iban a divulgar que tenían que ver con la actuación de bandas, robos, pero quedaba absolutamente separado del otro aspecto, lo manejaban ellos. Lo consulte con mi familia,  y les dije que tenía la oportunidad de intentar ahondar en la suerte corrida por Mirta y su hijo" y agregó sobre el que fuera marido de su hermana "después de aquella sesión de varias horas de torturas inferidas en la comisaria quinta, mi hermana fue llevada con las manos atadas pero con sus hermosos ojos libres y vio cómo su marido salía a la calle con una 38 para hacerse matar porque ese es el destino que Guillermo Otaño corrió, porque pienso que él creía que con ese acto podía salvar o garantizarle a su mujer y a su hijo la vida".

No obstante, el capitán tuvo un desliz que abriría el camino a la verdad y el reconocimiento de la nefasta situación por la que tuvo que pasar Mirta Manchiola, "después del mundial en que Argentina gana a Holanda la final, me sorprendió uno de los ayudantes de campo, tal como lo llamaba yo, de este general, quien me dijo que quería que le presentara la denuncia porque fui hermano de una terrorista. Lo rectifique y le dije que tenía tiempo de enmendarse, fue o es, porque mi hermana no es una terrorista, mi hermana fue una militante de la Facultad de Derecho que tenía un ideología de izquierda sin ninguna duda pero, le dije, si quiere en este mismo momento le doy el nombre de los cuatro homicidas que actuaron en el secuestro y llegada de Mirta a la comisaria quinta; me contestó "Manquiola no vamos a seguir hablando, no me interesan sus explicaciones, usted es un periodista, no tengo ningún problema". En aquel momento, su segundo jefe, Juan Carlos Gargano, fue testigo de esta revelación de Ricchieri, fue la única oportunidad en la que un jefe policial reconoció, sabía mi que mi hermana había sido detenida clandestinamente".

El periodista también tuvo palabras para su madre, Catalina "Catita" Jaureguiberri de Manchiola, "hoy tienen 92 años y está en un geriátrico; el día del secuestro, mi madre fue a la comisaria quinta a hablar con el titular de la seccional, este le negó varias veces que Mirta hubiera permanecido detenida o recluida en ese lugar, a partir de allí comenzó a deambular pero el nervio y motor de toda la búsqueda de Mirta fue mi hermana Marta Azucena Manchiola. Cuando Marta en noviembre de 2011 presta un valiente testimonio revela aquel pequeño entretelón que a mí a veces me pone la piel de gallina que es la respuesta de Ricardo Balbín  a mi madre: "y catita tiene que entender usted que en algo andaban los chicos".

"Hay otros detalles terribles, desgarrantes que a mí me reabrieron una herida, la llaga siempre permaneció, hasta el punto que en escasas oportunidades y por tareas periodísticas, he llorado", develó Manchiola.

Finalmente, resumió con respecto a la publicación, "solo aspiro el mejor homenaje que le pueden tributar a ella, yo soy simple mensajero, en el pequeño libro ilustra el padecimiento de muchas familias, fundamentalmente de La Plata que fue una de las ciudades más castigadas. Pretendo que se lea como un homenaje a ella".

JC