04-07-2020
"Vicentín: El entuerto expropiatorio"
Por Carlos A. Sortino (*) @CarlosASortino

Elegimos a un gobierno nacional y popular que tenga respuestas más eficientes y rápidas para atender los problemas reales de trabajadores formales e informales, dentro del sistema capitalista, un gobierno que no aliente la lucha de clases porque acepta la dominación clasista, aunque con un Estado de Bienestar que la clase dominante no quiere. Este es el único conflicto.

Tal es el contexto del recurrente reclamo del presidente, que se cansó de pedir por favor por todos los medios que le acercaran una propuesta superadora a la expropiación de Vicentín, lo que significaba no sólo un texto escrito (algo muy fácil, por cierto), sino, fundamentalmente, una estrategia económica y político-ideológica sustentable para el sistema capitalista del que se siente parte, porque el objetivo, clarísimo desde el principio, no es la apropiación, sino el rescate de la empresa.

Y esa idea superadora a la expropiación, que vendría a ser ahora la conformación de una "empresa mixta", se la acercó el gobernador de Santa Fe, con tanta mala suerte que, casi al mismo tiempo, el juez del concurso de Vicentín rechazaba la intervención dispuesta y restituía la empresa a sus accionistas, relegando al Estado a la testimonial tarea de "veeduría" del proceso.

Salga lo que salga de este entuerto, no tiene ningún sentido tanto banderazo, tanta marcha, tanta apelación a los fantasmas del chavismo o del comunismo, tanta amenaza de una "125 bis". Su único sentido es pegarle al gobierno.

Ni la intervención con rumbo expropiatorio ni la conformación de una "empresa mixta" son otra cosa que una transacción comercial dentro del sistema capitalista: el Estado compra algo y paga por él. No hay por qué angustiarse. No está en peligro el sistema por el cual somos como somos, así que tampoco es tan grave la amenaza de una "nueva" empresa que vele por la soberanía alimentaria o se convierta en testigo del mercado.

Todo ello se comprende desde el origen: el sistema capitalista no es sólo dominación económica. Su complejo institucional, llamado República, fue ideado y materializado como constitución y soporte de: a) un orden jurídico que legaliza el control oligopólico de la economía; b) una organización política que subordina las necesidades y expectativas del pueblo a los intereses de ese oligopolio; y c) un sentido común estructurado para naturalizar aquel control y esta subordinación. Tan simple como eso.

Ello explica que el sentido común sea fundamental para mantener el control y la dirección del sistema, aún cuando no se tengan las riendas formales del gobierno del Estado. ¿Por qué, si así no fuera, la clase dominante invierte en todo el mundo millones de dólares en crear y sostener un sentido común favorable a sus intereses (condiciones subjetivas), a través de medios y redes, aún cuando concentra todo el poder económico (condiciones objetivas)?

Romper este sentido común significa, en su sentido práctico, trascender los límites del republicanismo burgués y de lo políticamente correcto (y cómodo), explorar nuevas instancias de convivencia ciudadana, diseñar mecanismos institucionales originales y disponer (y pre disponer) hacia estas exploraciones al plantel burocrático permanente del Estado, a los funcionarios políticos y a la militancia organizada.

Dijo Cristina muchas veces que es pro-capitalista, aunque que quiere un capitalismo "en serio", es decir, un capitalismo productivo y no un capitalismo financiero. Pero, en la presentación de su libro en Cuba, agregó que prefería ese capitalismo conducido por el Estado y no por el Mercado. Puso a China como ejemplo.

Parcialmente en línea con ella, Alberto afirmó hace muy poco que él no era un revolucionario con pretensiones de arrojar la realidad por la ventana para reemplazarla por otra realidad, sino un reformista que cree que dentro del sistema establecido es posible avanzar. Hoy por hoy, es esto es el Frente de Todos y no aquello. Se toma o se deja. Se toma por lineamientos tácticos y/o estratégicos. Se deja por lineamientos ideológicos.

Circula en mi cabeza que Cristina se mueve en el  primer campo, mientras Alberto se mueve en el segundo. Y que ambos lo saben. Moverse en el primer campo significa, a riesgo de error, por supuesto, pensar que no se puede avanzar en estos tiempos en el sentido que se quiere y que, por lo tanto, hay que hacer lo posible, siempre y cuando eso que aparece como posible sea la base de lanzamiento, más adelante, de lo que se quiere.

Moverse en el campo ideológico, en cambio, significa, también a riesgo de error, por supuesto, pensar que sólo es necesario un reacomodamiento de los actores que componen el campo de juego, es decir, la realidad social, económica, política y cultural. Eso es el reformismo que reivindica el presidente. Ese es su campo ideológico.

Es por eso que el gobierno de Alberto Fernández no puede ser otra cosas que un buen gobierno burgués, con una política económica desarrollista (o keynesiana, como quieran) y una política social de recuperación de los sectores ya vulnerados y de protección de aquellos que se mantienen en la línea de flotación de la vulnerabilidad (asistencialismo, si prefieren). Sin confrontación con los intereses concentrados.

No hay contexto internacional para otra cosa, me parece (y no será fácil producirlo). Tampoco hay contexto nacional, desde la subjetividad hegemónica, para aspirar a más. Por eso, desde esta perspectiva de análisis, es que Cristina lo ungió candidato en su momento y hoy Alberto es el presidente.

(*)  Carlos Sortino exclusivo para Cadena BA. 21/06/2020

Periodista, ex docente de la UNLP. Referente de la Agrupación Municipal Compromiso y Participación (COMPA): https://www.facebook.com/COMPALaPlata/