02-07-2026
"Gradualismo y shock"
Por Carlos A. Sortino (*) @CarlosASortino

No es tan difícil comprender que la riqueza engendra pobreza y que la pobreza deriva en hambre cuando la riqueza excede sus propios límites, como está ocurriendo desde hace algunos años en Argentina.

 

Tampoco es tan difícil comprender que esta deriva social tiene su génesis en las políticas públicas que engendra el gobierno del Estado y que el "esfuerzo personal" de cada uno sólo adquiere relevancia en el contexto de aquellas políticas públicas.

 

Vale como ejemplo esta serie estadística, provista por el mismo Estado, a través del INDEC, su vocero oficial: observamos que el estrato alto (20% de la población) se llevaba en 2003 el 53% del ingreso, pero en 2015 ese ingreso cayó al 43%. Hacia fines de 2018, la revolución de la alegría ya empezó a dar sus frutos: aumentó al 45,8%, con expectativas mayores.

 

En cuanto al estrato medio (40% de la población), en 2003 lograba el 35% del ingreso y en 2015 llegó al 40%. Pero el cambio le deparó un par de puntos de caída, con expectativas de plano inclinado.

 

Mientras tanto, el estrato bajo (40% de la población), en 2003 tenía un ingreso del 12% y llegó al 17% en 2015. El sinceramiento, sin embargo, le hizo perder un punto en tres años, con expectativas de mera supervivencia.

 

Esto significa que en aquellos funestos tiempos en que se robaban todo, esa época nefasta que nos legó una pesada herencia, el estrato bajo incrementó sus ingresos en más del 40% y el estrato medio experimentó un crecimiento en el mismo rubro de más del 14%, mientras que el estrato alto vio reducido en más del 18% su peculio.

 

Es el mismísimo Estado quien nos dice que a mayor concentración de riqueza, mayor expansión de pobreza. Y que la riqueza desconcentrada genera un alza progresiva en la calidad de vida de la población en su conjunto. Es el "gradualismo social", repulsivo a la derecha, que prefiere el ajuste y las cuentas de manual (escrito por ella).

 

Es altamente probable que el próximo gobierno, porque así lo han expresado sus candidatos, proyecte en sus políticas públicas este "gradualismo social", dado que no hay "masa crítica" para producir un "shock distributivo" y acelerar los tiempos de la bonanza. Pero, ¿qué sería este shock distributivo? Veamos:

 

Producimos alimentos para 400 millones de personas. Supongamos que el Estado toma la decisión de alimentar, sin costo para ella, a la población cuyo ingreso no supere la "línea de pobreza", para que el hambre y sus efectos sociales se terminen en la República Argentina. 

 

Establezcamos en 40% el total de esta población, es decir, unas 17 millones de personas. Ello significa que el Estado sólo necesita apropiarse de un 5% de aquella producción, lo que no parece un daño considerable para la rentabilidad empresaria.

 

Pero si eso ocurre, lo dañoso para los políticos pro-sistema y sus socios empresarios es que se les podrían escurrir como agua entre las manos el poder y el lucro, sus necesidades básicas por demás satisfechas.

 

Porque es altamente probable que un pueblo sin hambre no tenga que mendigar trabajo al precio de su esclavitud y, por lo tanto, pueda elevar inmediatamente a condiciones de dignidad y justicia el trabajo de todos.

 

Porque es altamente probable que un pueblo sin hambre aleje las enfermedades, con lo que rebajaría drásticamente el presupuesto en salud pública y, por lo tanto, lo transformaría en un servicio por demás eficiente. 

 

Porque es altamente probable que un pueblo sin hambre corte todo riesgo de conflicto social, con lo que reduciría notablemente el presupuesto en seguridad y justicia y, por lo tanto, los transformaría en servicios democráticos y populares. 

 

Porque es altamente probable que un pueblo sin hambre disminuya marcadamente el presupuesto en acción social y, por lo tanto, pueda derivar ese dinero, sumado con los ahorros anteriores, al presupuesto en educación y ciencia, multiplicándolo para transformarlo en el fundamento de un país libre.

 

Porque es altamente probable que un pueblo sin hambre pueda pensar, pueda dialogar, pueda reflexionar, pueda organizarse para la producción económica, pero también para la producción simbólica y para la acción política. 

 

Porque es altamente probable que un pueblo sin hambre sepa gobernarse a sí mismo y llegue a la conclusión de que no es posible alterar la distribución de la riqueza sin alterar su modo de producción.

 

Pero no es este "shock distributivo" el que nos espera, sino aquel "gradualismo social". Bienvenido sea, de todos modos. Falta mucho tiempo todavía para lograr aquella "masa crítica" que algunos preferimos. Y entretanto y hasta tanto, hay que alimentarse y desarrollar, al mismo tiempo, un sistema productivo eficaz para este momento histórico. 

 

(*) Carlos Sortino exclusivo para Cadena BA. 03/12/2019

Periodista, ex docente de la UNLP. Referente de la Agrupación Municipal Compromiso y Participación (COMPA): https://www.facebook.com/COMPALaPlata/