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| 06-04-2019 | Las transmisiones del canal se interrumpieron poco antes de la rendición | |||
| Guerra de Malvinas: 40 televisores en cuotas, el increÃble plan de la Junta militar para "conquistar el corazón de los isleños" | |||
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| El 3 de abril de 1982 se organizó una reunión de empleados en el estudio Nº 6 de Argentina Televisora Color, dentro del imponente complejo construido por los militares para el Mundial de Fútbol que Argentina habÃa organizado en 1978. Ese dÃa, el General Antonio Llamas, el militar a cargo de la SecretarÃa de Información Pública Argentina, dio un encendido discurso a los empleados de la emisora. Les dijo que Canal 7 y sus trabajadores tendrÃan un papel importante dentro de los planes argentinos para "conquistar los corazones y mentes de los malvinenses". El General les pidió que formularan en el menor tiempo posible un plan para montar un canal de televisión en Malvinas. Tras algunos debates, los técnicos del canal recomendaron llevar a Malvinas un transmisor de 100 vatios con su antena (suficiente para cubrir la mayor parte de las islas), una cassettera U-Matic, una cámara portátil y algunas luces y micrófonos. Pocos dÃas después del 2 de abril llegaron a las islas los empleados de ATC con los equipos para armar la emisora de TV. Instalaron sus dispositivos en el edificio de radio local. La mayor parte de los aparatos fueron donados por la Gobernación Militar de la provincia de Misiones. Sin embargo, la cuestión principal era tener alguien que viera la señal en Malvinas porque en las islas no habÃa casi ningún aparato de TV y los pocos aparatos existentes estaban encadenados a algunas videograbadoras que, de tanto en tanto, servÃan para ver alguna pelÃcula llegada a las islas Malvinas en los barcos o aviones que las visitaban. La SecretarÃa de Información obtuvo los permisos correspondientes para enviar 40 televisores hacia Puerto Argentino. Aunque las prioridades de la guerra eran otras, el avión de la Fuerza Aérea Argentina recibió la orden de darle preferencia a la voluminosa carga de aparatos marca Zenith y Phillips que la gobernación usarÃa para intentar seducir a los malvinenses. El siguiente problema era lograr que los isleños adquirieran los aparatos. Inicialmente se pensó en regalarlos, pero con buen criterio un funcionario observó que los isleños no aceptarÃan "dádivas" de los argentinos. Finalmente se decidió vender cada televisión por 100 libras a pagar en cuotas mensuales de 10 libras más un anticipo de 20 libras al recibir el aparato. Dos civiles, Everto Caballero (el encargado de la oficina telecomunicaciones) y Ernesto Dalmau (técnico de la flamante sucursal de Radio Nacional) se encargaron de visitar las casas de los habitantes para convencerlos. Una semana más tarde, habÃan logrado colocar la totalidad del stock de televisores. -Nosotros sabÃamos que solo debÃamos pagar las primeras cuotas ya que pronto los argentinos se irÃan y el precio final del aparato serÃa más que razonable - cuenta Verónica Fowler, una maestra británica afincada en Malvinas. El entonces soldado conscripto Roberto Rubén Rada, recuerda haber bajado los televisores de aviones que llegaron a las islas al inicio del conflicto. Cómo él, muchos soldados se preguntaron que tenÃan que ver aquellos televisores con el inminente conflicto que se estaba por desatar. -¿De donde sacaron los argentinos que nos interesaba tener televisión? QuerÃamos que se fueran de vuelta al continente - recuerda un malvinense que en esos años rehusó aceptar la compra del aparato. Los técnicos a cargo de operar la estación del Canal 7 de Malvinas fueron Fernando Monetti y Eduardo Oderigo, dos empleados de ATC que se ofrecieron como voluntarios para viajar a la zona de conflicto. Monetti se encargó de instalar la central de televisión en un local que anteriormente habÃa pertenecido a la radio local Falklands Islands Broadcasting Service. Luego de un tiempo, Monetti fue reemplazado por Oderigo. La primera emisión de prueba fue el 7 de abril cuando se transmitió la asunción del gobernador militar Mario BenjamÃn Menéndez, aunque solo se emitió el sonido de la ceremonia. La emisión de Canal 7 Puerto Argentino se inició el 13 de abril de 1982 a las 18 horas. La transmisión comenzó desde ese dÃa invariablemente con una imagen del Escudo Nacional y la música del himno argentino. Luego, comenzaba el noticiero "24 Hours". Era un noticiario dirigido por dos personas que se dirigÃan a ellos hablando uno en castellano y luego el otro en inglés. El que hablaba en castellano era Norman Carlos Powell, un argentino descendiente de ingleses que llegó a las islas el 5 de abril y que también hacia el informativo en la repetidora de Radio Nacional que se puso en funcionamiento en esos dÃas. En las emisiones de TV y junto a Powell, estaba el malvinense Patrick Watts, locutor de la radio local, quien encontró el modo de protestar cada vez que alteraba sutilmente el sentido de las noticias o corregir la sintaxis de Powell cuando el argentino hablaba en inglés. O cada vez que usaba términos rebuscados para no usar denominaciones argentinas de las islas y sus accidentes geográficos. La transmisión de Canal 7 en Malvinas fue parte esencial de la propaganda argentina en las islas. Es recordado entre los malvinenses por las cuantiosas pérdidas británicas anunciadas en cada boletÃn, que contrastaban con la propaganda de la Radio BBC de Londres, en donde las pérdidas inglesas eran bajadas al mÃnimo y las argentinas aumentadas a niveles catastróficos. Al principio, en las 6 horas de transmisión del canal, de 18 a 24 horas y además del noticiero de Powell y Watts, se proyectaban programas populares de Buenos Aires como "La peluquerÃa de Don Mateo" y "Polémica en el Bar". Luego se pasaban lo que algunos isleños recuerdan como "aparentemente infinitas cantidades de historietas de Tom y Jerry". El General Menéndez dijo después de la guerra que él hubiera preferido que les enviaran conciertos de música clásica o folklore para "que no pensaran que (los argentinos) éramos indios con plumas". Los partidos de fútbol fueron los que contaron con mayor audiencia, según recuerda el improvisado conductor televisivo de las islas, Patrick Watts, aun cuando se repetÃan una y otra vez el mismo encuentro. Cuando llegó el mes de mayo, el noticiero bilingüe local fue reemplazado con una emisión del programa "60 Minutos" que conducÃa el periodista José Gómez Fuentes. El comodoro Carlos Bloomer Reeve fue Secretario de la gobernación de Menéndez. Hoy retirado, recuerda el problema de los contenidos de las transmisiones: -Lo que pasa que desde Argentina nos faltó el impulso de mantener programas. De Buenos Aires no venÃan programas que fueran de interés. Los malvinenses venÃa un partido de fútbol y habÃa que verlos 5 o 6 veces. O alguna audición de algún cómico argentino que hablaba castellano y que no hablaba inglés y la gente se aburrÃa de verlo. Pero eso fue lo único que se regaló… no se regaló - se corrige - se vendió para mantenerlos con su amor propio todavÃa activado. Entre las transmisiones memorables del canal que pudieron verse en Malvinas, estaba un resumen del festival "Las 24 horas de las Malvinas Argentinas" que se emitió el canal 7 de Buenos Aires el 9 de mayo de 1982 . Fue conducido por los populares conductores "Cacho" Fontana y Raquel "Pinky" Satragno. Los militares a cargo del canal prepararon instantes de gran dramatismo dentro de la emisión para exaltar el espÃritu bélico en la población. Ejemplo de esto fue el momento en que la viuda del capitán Giacchino, único oficial muerto el 2 de abril, donó frente a cámaras el cuchillo y la insignia que habÃa llevado su difunto marido al morir. Algunos malvinenses, recuerdan con particular irritación esa transmisión que según dicen les sirvió más para profundizar su inquietud que para estimular su afecto por la Argentina. A modo de los modernos teletónes, numerosos artistas argentinos animaron el programa con cantos y actuaciones mientras los conductores relataban las inmensas cantidades de donaciones que eran acercadas por personas y empresas al canal. Aunque el programa duró 24 horas, las donaciones se siguieron recibiendo en diferentes puntos del paÃs por el resto de la guerra. El dÃa de la rendición, se habÃan recaudado 570 millones de pesos argentinos y 38 millones de dólares. Además, habrÃa que contabilizar numerosas cantidades de alimentos, medicamentos, obras de arte, joyas e indumentaria cuyo valor hasta el presente no fue aclarado. Con el fin de las hostilidades, el producto del Festival fue repartido entre las Fuerzas Armadas y el Ministerio de Defensa y el resto fue colocado en un fondo que sirvió para asistir a los ex combatientes y sus familiares. Oficialmente, se recaudaron unos 300 billones de pesos argentinos; 4 billones fueron a para la gobernación de las islas. Cada una de las tres fuerzas retiró 83,4 billones. El resto, es decir, 45,9 billones, se destinó a la asistencia de los veteranos y sus familiares en la posguerra. Una parte de los bienes recaudados fue rapiñada por civiles y militares mas interesados en hacer negocios que en ganar guerras. Es asà como parte de las donaciones fueron desviadas al mercado. En su momento fue famosa la historia de un niño que luego de comprar un chocolate en una localidad patagónica tras la guerra, encontró dentro del envoltorio una carta dirigida a un soldado en Malvinas. Algunos se justificaron diciendo que no habÃa modo de hacer llegar la carga de donaciones a las islas. Otros, solo se escudaron en la tradición argentina de sacar partido cada vez que se presenta la ocasión. Lo cierto es que los conscriptos se quedaron esperando las inmensas cantidades de comida que les prometÃan desde el continente, mientras hurgaban en las raciones siempre escasas e intentaban abrigarse a la espera de esas miles de bufandas que se tejÃan ante las cámaras de los canales del continente. Vamos a un corte A medida que la guerra fue ganando en intensidad, la propaganda argentina en Malvinas se hizo menos sutil. La pantalla de Canal 7 Puerto Argentino fue ganando en anuncios triunfalistas mientras los pobladores locales observaban como recrudecÃan los ataques contra las posiciones argentinas. Y en esas emisiones, comenzaron a aparecer advertencias de los militares acerca del uso de radios para pasar información al enemigo y sobre las consecuencias de asistir a infiltrados llegados desde la flota adversaria. Para matizar, el conductor de LUT8 anunciaba enormes cantidades de aviones británicos abatidos, decenas de buques hundidos y averiados o pasaba revista de las poderosas defensas que protegerÃan a las islas de un desembarco. John Smith es un malvinense que publicó tras la guerra su diario personal con sus vivencias del conflicto. El 7 de mayo apuntó en su diario que por la noche, luego de un ataque al aeropuerto de la capital, se emitió una pelÃcula cómica tras el noticiero. "El noticiero, pienso, fue la mejor comedia", anotó ese dÃa Smith. Las transmisiones del canal de Malvinas se interrumpieron poco antes de la rendición argentina. La antena de la estación fue dañada por un proyectil y, a causa de los bombardeos, en las horas de transmisión los malvinenses no pasaban la mayor parte del tiempo frente a la televisión sino refugiados en los sótanos de sus casas. Eduardo Oderigo, el técnico de ATC, escapó de Malvinas en el último avión Hércules argentino que partió de las islas. Dejó abandonadas las instalaciones y el cartel de Canal 7, que hoy es exhibido en el Museo de Puerto Argentino. Los malvinenses que habÃan comprado los televisores argentinos, quedaron debiendo 70 libras cada uno. Pero nadie les reclamó por la deuda. Solo un cártel de recuerdo Hoy, es casi imposible encontrar alguna de las viejas televisiones vendidas por los argentinos, salvo alguno de los ejemplares guardados en el museo local. El sistema de transmisión llevado por los argentinos resultó ser incompatible con el que luego trajeron los ingleses desde la metrópoli. En el museo de las islas se exhibe el cartel que fuera colocado en la puerta del canal. Dicen que hubo que rescatarlo de un poblador que quiso conservarlo como trofeo de guerra. Verónica Fowler recuerda que apenas pudieron reemplazar aquellos aparatos por ser incompatibles con las normas británicas, los pobladores locales los destruyeron. Algunos los destrozaron con hachas y otros les dispararon una y otra vez como si fueran los soldados argentinos a los que nunca se atrevieron a enfrentar. Tanta saña podrÃa explicarse con la necesidad de dejar atrás la prueba que ellos también se abandonaron a la tentación de sentarse a ver la televisión en sus casa como lo hacÃan la mayorÃa de los ciudadanos del mundo, aunque ello significara permitir que entrara en sus hogares algo que provenÃa los militares argentinos que tanto dijeron odiar. (infobae) |