22-08-2017
"El juego de las reglas"
Por Carlos A. Sortino (*) @CarlosASortino 

¿Desde qué necesidades y expectativas pensamos, decimos, sentimos, actuamos?

De tradiciones y rupturas está hecha la historia que formamos con los juicios y prejuicios que nos forman. Marchamos por la vida, aparentemente inalterables, pero con cada paso nos alteramos los unos a los otros. Trocamos prejuicios en juicios y juicios en prejuicios, rompemos tradiciones y en esa ruptura fundamos tradiciones originales. La deriva social resulta diversa y muchas historias dan cuenta de tan vital trayectoria. Pero detrás de cada historia, detrás de cada tradición, detrás de cada ruptura, detrás de todo, hay un común "caldo de cultivo". Es lo que intentamos describir aquí…

Instituciones 

Nuestra calidad de vida individual y colectiva está condicionada por (y en muchos casos depende de) los imperativos materiales e ideológicos del complejo institucional que nos ordena. Sentimos, pensamos, decimos y actuamos dentro de los límites de este complejo institucional, signado por su forma jerarquizada de vinculación entre grupos dominantes y dominados.

Cuando hablamos de "complejo institucional", estamos hablando de la estructura de correspondencias entre el campo de las relaciones políticas, el campo de las relaciones productivas y el campo de las relaciones sociales (1).

Cada uno de estos campos contiene sus propias fuentes de poder, tiene una finalidad consecuente con su naturaleza y, en función de alcanzar esa finalidad, sus actores producen entre y dentro de estos campos los medios materiales e ideológicos que necesitan, lo que supone la existencia de contradicciones y conflictos internos y entre sí. 

Proyecciones 

La finalidad del campo de las relaciones políticas es el poder, que se organiza en torno de la capacidad de sus actores de instituir la propia naturaleza de ese poder: cómo decidir el régimen de selección y circulación de las élites, cómo establecer las relaciones entre gobernantes y gobernados, quienes deben hacer la ley y quienes deben obedecerla, qué perfil productivo se pretende y cuáles son los criterios básicos para la producción y distribución de la riqueza.

La finalidad del campo de las relaciones productivas es el lucro. Su fuente de poder se organiza en torno de la posesión de los medios de producción y de cambio y del consecuente modo de producción de los bienes y servicios que se consideran necesarios.

La finalidad del campo de las relaciones sociales es la libertad. Su fuente de poder se organiza en torno de la capacidad de sus actores para elegir qué tipo de protagonismo se asignarán en el complejo institucional o para seguir aceptando la asignación de sus diferentes posiciones en la comunidad (estratificación en clases), según los dictados que surgen de los campos económico y político, cuyas necesidades combinadas les fijan el límite de sólo sersus sostenedores materiales.

El complejo institucional, que incluye dialécticamente aquellos campos, tiene una finalidad declamada como lógica, que es la Justicia. Pero decimos "declamada", porque a poco de analizar las finalidades de cada uno de los campos que lo componen, no vemos que aparezca la Justicia como consecuencia necesaria. Poder, lucro y libertad no son compatibles entre sí: el poder y el lucro pueden darse la mano y marchar juntos, pero para ello deben aplastar la libertad, incompatible con ambos. Así, la finalidad de este complejo institucional no es otra que la concentración del poder y la riqueza. 

Indicadores 

Para transitar por la diversidad de caminos dentro del complejo institucional, las personas disponemos de una cantidad de señales, que podríamos denominar reglas colectivas (el sistema legal). Estas reglas colectivas se caracterizan por la antinomia objetiva legalidad/ilegalidad y es uno de los productos del campo de las relaciones políticas. Pero nuestro sentido común (2) las percibe como impuestas, no son significadas como propias (3).

Es en esta grieta que entra a jugar lo que sentimos como propio: nuestro interés individual (4), que se caracteriza por su condición de alegalidad y contiene la antinomia subjetiva justicia/injusticia (5). Este interés puede situarse dentro de la legalidad o de la ilegalidad, puede impulsar la institución de nuevas legalidades o forzar la legalidad instituida, según qué tipos de obstáculos les oponen las reglas colectivas a nuestros objetivos individuales, expresados sectorialmente.

Nuestro interés individual es la variable "asistémica" de este complejo institucional: es el interés que ponemos en juego estratégicamente (6), estableciendo alianzas sectoriales para la consecución de nuestros propios fines. Es esta variable "asistémica" la que permite el constante vaivén social (transformador o conservador), la que le otorga al complejo institucional su carácter material de proceso dinámico e imprevisible e inhibe su jerarquía ideal de sistema mecánico e inapelable (7).

En síntesis: ningún proceso (político, económico, social) es necesario ni es inevitable, porque todo proceso es la manifestación práctica de relaciones de poder y no de dinámicas divinas o naturales (8).  

Notas:

(1) Utilizo el concepto de campo en el sentido que le da Pierre Bourdieu: un conjunto delimitado de componentes articulados por sus interacciones y conflictos. Todo campo puede ser identificado por los productos que crea y las finalidades que persigue. Todo campo es también lugar de relaciones de fuerza y, por lo tanto, de luchas que buscan transformarlas o conservarlas. Los límites del campo están donde los efectos del campo cesan.

(2) Tomo de Raymond Williams su definición de sentido común: las relaciones sociales, sus conflictos y sus crisis, tal y como son vividas y estructuradas por las personas en significaciones, imágenes y valores.

(3) Significa también que compartimos la concepción de Cornelius Castoriadis cuando sostiene que el objetivo de la política debería ser la libertad. Pero se pregunta: "¿Cómo se puede ser libre si se está colocado obligatoriamente bajo la ley social?". Compartimos también su respuesta: "Existe una primera condición: es necesario que se tenga la posibilidad efectiva de participar en la formación de la ley (de la institución). No se puede ser libre bajo una ley si no se puede decir que esa ley es propia, si no se ha tenido la posibilidad efectiva de participar en su formación y en su institución, incluso cuando las preferencias propias no han prevalecido (...) Libertad bajo la ley -autonomía- significa participación en el posicionamiento de la ley".

(4) Contra el sentido común, debemos decir que la ley (las reglas colectivas, el sistema legal) no prohíbe ninguna conducta. La ley no dice: "está prohibido robar". Lo que dice la ley es: "quien robe, tendrá tal castigo". ¿Qué ganamos y qué perdemos obedeciendo la regla? ¿Qué ganamos y qué perdemos desobedeciéndola? Ante cada situación concreta en que la regla se nos aparezca como un límite material, aparecerán estas preguntas y las respuestas en acción estarán condicionadas por nuestra posición y nuestra disposición en el complejo institucional. Con lo cual comprobamos la veracidad de aquella frase que dejó escrita Max Weber: "Los agentes sociales obedecen a la regla cuando el interés en obedecerla la coloca por encima del interés en desobedecerla".

(5) Digo de la antinomia justicia/injusticia que es subjetiva, dado que definir con claridad y precisión qué es lo justo y qué es lo injusto dependerá de nuestro posicionamiento ideológico. Contrariamente, digo de la antinomia legalidad/ilegalidad que es objetiva, dado que está definida con claridad y precisión en el sistema legal. Ciertas legalidades pueden resultar injustas y ciertas justicias pueden resultar ilegales. El sistema legal no es más que el resultado político (impuesto o negociado) de un choque de intereses, que no es otra cosa que la lucha (abierta, encubierta o latente) por el acceso a recursos (intereses materiales) y/o por la hegemonía de valores y creencias (intereses ideológicos). De allí que la naturaleza del sistema legal sea el cambio constante y no la petrificación.

(6) Aquí, la cuestión estratégica debe tomarse como un sentido práctico y no necesariamente como un cálculo racional, que no todos practicamos. Está en conexión con el sentido común que describimos en la nota 2.

(7) Si pongo especial énfasis en mudar el concepto de sistema hacia el concepto de proceso, es porque considero necesario poner en crisis el sentido común, que convierte inmediata y regularmente la experiencia en una serie de productos acabados, tal como reflexiona Raymond Williams en su libro "Marxismo y Literatura", lo que significa que "las relaciones, las instituciones y las formaciones en que nos hallamos involucrados son convertidas, por esta modalidad de procedimiento, en totalidades formadas antes que en procesos formadores y formativos". Contra este sentido común, Williams rescata la creatividad humana y la autocreación, que encuentra "en el centro mismo del marxismo", en contraposición a la mayoría de los sistemas con que se enfrenta, que "acentúan la derivación de la mayoría de la actividad humana a partir de una causa externa: de Dios, de una naturaleza abstracta o de una naturaleza humana,  de sistemas instintivos permanentes o de una herencia animal". Para Williams (y coincido con él), "la noción de autocreación, extendida a la sociedad civil y al lenguaje por los pensadores pre marxistas, fue extendida radicalmente por el marxismo a los procesos de trabajo básicos y por lo tanto a un mundo físico profundamente (creativamente) alterado y a una humanidad auto creada". En línea directa con estas reflexiones, conecto el concepto de campo de Pierre Bourdieu, ya definido líneas arriba.

(8) Este concepto ha sido extraído de algún escrito de Atilio Borón, inevitable adaptación propia mediante.

(*)  Carlos Sortino exclusivo para Cadena BA. 31/07/2017

Periodista, ex docente de la UNLP. Referente de la Agrupación Municipal Compromiso y Participación de La Plata (COMPA).




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