07-07-2026
"Perón y la democracia" por Oscar Cuartango (*)

El 24 de febrero se cumplen 68 años del primer triunfo electoral del Peronismo celebrado en 1946. En tiempos en los que el revisionismo histórico se encuentra en la agenda pública es preciso reafirmar el aferrado vínculo que siempre existió entre el ideario de Juan Domingo Perón y el sistema democrático de gobierno, echando por tierra al mismo tiempo, falsas e infundadas acusaciones.


Quién se permite dudar que aquella noche del 17 de octubre de 1945 Perón pudo bajar al balcón convertido en Presidente de facto. Él, luego de su encarcelamiento en la Isla Martín García, producto de la decisión del entonces Presidente Edelmiro Farrel y las presiones de una facción de las Fuerzas Armadas, tuvo en sus manos la posibilidad de acceder al poder sin elecciones previas y no lo hizo.

El respaldo popular y fundamentalmente el apoyo innegociable de los trabajadores, sumado al impacto social positivo que generó la liberación del Coronel, no fueron excusa para que él mismo determinara asumir como Presidente. Esta coyuntura, no obstante, resultó el factor fundamental en el fortalecimiento de una etapa de grandes reivindicaciones que perdura hasta nuestros días.

Perón eligió el camino de la democracia, echando por tierra la farsa propagandística impulsada por los referentes de la Década Infame compuesta por caudillos, terratenientes y capitalistas que se aliaron a las fuerzas políticas de entonces.

Y así fue a elecciones, consiguiendo en febrero de 1946 que la fórmula Peronista derrotara en las urnas a la confluencia de partidos que se beneficiaron durante los oscuros días de la Década Infame, obteniendo el 52,40 % contra el 42,51% de la Unión Democrática.[1]

Más adelante, en las elecciones de Constituyentes de 1948 el porcentaje subió al 61,38 % contra el 26,86 % del radicalismo y el 2,95 % del Partido Comunista. En la reelección de Perón en 1951 el oficialismo obtuvo el 62,49% contra el 31,81 % de los radicales y el 2,30 de los conservadores. Y por último, en 1954 para la elección de vicepresidente, el peronismo llegó al 62,52 %, el radicalismo al 32.52 % y el Partido Comunista al 1,12 %.[2]

Estos triunfos, evidentemente, no fueron suficientes para ratificar la adhesión democrática del Peronismo. Y así se llegó al año 1955 cuando la mal llamada Revolución Libertadora, al margen de las atrocidades cometidas, conspiró y tomó la decisión de proscribir al partido mayoritario, acto al nunca recurrió el Peronismo, ni en los momentos más críticos de su existencia. El Peronismo no sólo accedió al poder a través de elecciones libres, sino que siempre se sometió a la voluntad de los ciudadanos sin la proscripción de ningún partido opositor.

Duró 18 años esa proscripción. Pero Perón, a su regreso del exilio en Europa, bien podría haber propuesto cuestiones represivas como método de venganza y acaparamiento del poder y sin embargo, con sus primeras palabras demostró que continuaba buscando soluciones al problema nacional a través del desarrollo social, la lucha contra la injusticia social, el dictado de normas y leyes laborales de protección a las clases trabajadoras y poner fin a la dependencia económico-política.

El Peronismo no evade ningún tema y por consiguiente, es necesario analizar la historia en el contexto en el que se desarrollaron los acontecimientos. Muchos sectores se han adueñado de riquezas durante años; pero también han intentado adueñarse de conceptos, como el de "democracia". La realidad en el devenir de los hechos, no permitió nunca esa apropiación, sino que por el contrario, ha dejado al descubierto su utilización retórica para permitirle al Peronismo, ser la fuerza política que más respetó los postulados democráticos.

(*)  Ministro de Trabajo de la provincia de Buenos Aires y conductor del Grupo Descartes.