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| 25-08-2026 | SALUD | |||
| Parkinson en adultos mayores: las señales que pueden aparecer años antes del temblor | |||
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Cuando se habla de Parkinson, el temblor suele ser la primera imagen que aparece. Sin embargo, la enfermedad puede comenzar a manifestarse mucho antes. Es un trastorno neurodegenerativo, crónico y progresivo.
“Los síntomas motores clásicos son la bradicinesia o lentitud de movimientos, el temblor, la rigidez y los trastornos de la marcha. En un inicio pueden confundirse con cambios que también observamos en personas de edad avanzada, por eso el diagnóstico temprano es importante”, explica la Dra. María Cecilia Torre, médica especialista en Rehabilitación de Centro Hirsch (MN 80.629 / MP 444.747).
En los adultos mayores, el inicio después de los 70 años puede estar asociado a un deterioro funcional más precoz, con alteraciones posturales, dificultades en la marcha y deterioro cognitivo.
Daiana Sol Azcona, Lic. en Kinesiología y Fisiatría de Centro Hirsch (MP 9248 / MN 17303), advierte que el diagnóstico muchas veces llega cuando ya aparecieron las manifestaciones motoras. “Los síntomas no motores pueden comenzar hasta diez años antes y suelen pasar desapercibidos. Alteraciones del sueño, del olfato, depresión o estreñimiento pueden ser manifestaciones tempranas”.
Quedarse atrás al caminar también puede ser una señal
Aunque el temblor en reposo es uno de los signos más conocidos, una de las manifestaciones centrales del Parkinson es la bradicinesia, es decir, el enlentecimiento para iniciar y ejecutar movimientos.
“En la vida cotidiana puede verse cuando la persona empieza a caminar cada vez más despacio o se queda atrás cuando va acompañada. También pueden aparecer pasos cortos, dificultades para iniciar la marcha, rigidez e inestabilidad postural”, explica Azcona.
En etapas más avanzadas puede aparecer el freezing o congelamiento de la marcha: la persona intenta avanzar pero siente que los pies quedan “pegados” al piso. Los giros, cambios de velocidad y acciones como sentarse o levantarse pueden incrementar el riesgo de caídas.
Torre agrega que los síntomas no motores también tienen un impacto significativo. Pueden aparecer cambios en la voz y en la deglución, ansiedad, depresión, apatía, trastornos del sueño, alteraciones urinarias, dolor y, en estadios avanzados, dificultades cognitivas vinculadas con la atención, la memoria y la planificación.
El objetivo: sostener la autonomía
Para ambas especialistas, la rehabilitación debe comenzar tempranamente y adaptarse al estadio y las necesidades de cada persona.
“Los síntomas motores impactan directamente en la marcha y la postura. Desde kinesiología se puede trabajar sobre el equilibrio, los cambios de velocidad, los giros y las actividades funcionales para sostener las capacidades y prevenir caídas”, señala Azcona. También es fundamental evaluar el entorno del hogar e incorporar ayudas técnicas cuando sean necesarias.
“La actividad física mejora la postura, el equilibrio, la marcha y la fuerza muscular, pero también puede tener efectos positivos sobre el estado de ánimo, el sueño y las funciones cognitivas. Debe estar regulada y supervisada, porque la sobrecarga es tan contraproducente como no realizar ejercicio”, explica Torre.
El abordaje puede incluir kinesiología, terapia ocupacional y fonoaudiología, además de actividades como baile, yoga, tai chi, pilates o hidroterapia. La terapia ocupacional trabaja sobre la vida diaria y la fonoaudiología, sobre cambios en la voz o la deglución.
“No se trata de hacer por la persona aquello que todavía puede hacer por sí misma. Hay que darle tiempo, estimular sus funciones y fomentar siempre la autonomía y la confianza”, remarca Azcona.
El impacto también alcanza a quienes cuidan
A medida que la enfermedad avanza, la familia también debe reorganizar tareas y rutinas. Muchas veces una persona asume el rol principal de cuidador y queda expuesta a sobrecarga física y emocional.
“Es frecuente que toda la atención se centre en la persona con Parkinson y no se considere lo que ocurre con quien cuida. Cuando el cuidador vive con estrés permanente, descuida su salud o abandona actividades sociales o profesionales, hay que intervenir”, advierte Torre.
Para las especialistas de Centro Hirsch, acompañar el Parkinson en adultos mayores implica mirar más allá del temblor. La detección temprana, la rehabilitación interdisciplinaria, la prevención de caídas y el respeto por los tiempos de la persona forman parte de un mismo objetivo: sostener durante el mayor tiempo posible la autonomía y la calidad de vida.
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